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Llegada de la Luz de Belén

En el corazón del Adviento, cuando la Iglesia entera vive la espera confiada del Señor que viene, llega nuevamente a nuestra diócesis la Luz de Belén. Será el viernes, 19 de diciembre, en la Concatedral de Santa María de Castellón a las 19:00 horas, desde donde se llevará a los hogares y a las parroquias de la Diócesis. Os invito a participar en este acto sencillo, pero emotivo, de acoger y distribuir la Luz de Belén.

Esta pequeña llama es encendida cada año, poco antes de la Navidad, en la gruta de la Natividad en Belén por los Scouts de Austria, que la trasladan a Viena como mensaje de luz y de paz. Desde allí se distribuye a delegaciones de Scouts venidas de todo el mundo, que la llevarán a países de los cinco continentes. Esta pequeña llama es un signo elocuente del amor de Dios que ilumina el mundo. Cada año contemplamos con emoción cómo este gesto sencillo se transforma en un movimiento de gracia que convoca, une y envía; un gesto que va más allá de una tradición para convertirse en un verdadero camino espiritual.

La Luz de Belén es, en efecto, un símbolo que representa a Jesús mismo. Él es la Luz del mundo. Jesús mismo dijo: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12). El Niño que nace en Belén es el Hijo de Dios, él es la Luz en nuestro camino hacia la Vida plena, eterna y feliz; él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida. Cristo no sólo nos ilumina con sus palabras, sus gestos, su vida y su muerte y resurrección para la vida del mundo. Él mismo en persona es la Luz verdadera para todos los hombres. Él se ha encarnado, nacido y venido al mundo para ahuyentar la noche de las tinieblas y del error, de la incredulidad y del pecado. Acogiéndole a él y viviendo en él, podemos vivir en la luz que lleva a la Vida.

La Luz de Belén nos habla a todos. El misterio de la Navidad sucede en la humildad: Dios se acerca a nosotros en ese Niño, pequeño y frágil, para que no tengamos miedo de Dios. Él no se impone, sino que se ofrece como suave luz que orienta, calienta y acompaña. En tiempos en los que tanta gente camina en penumbra -confusión interior, soledad, incertidumbre económica, conflictos familiares o cansancio espiritual- esta llama nos invita a abrir los ojos del corazón para reconocer la presencia del Emmanuel, el “Dios-con-nosotros”, que nunca deja de salir a nuestro encuentro.

La Luz de Belen nos invita a dejarnos iluminar por Jesús. Acoger de verdad la Luz de Belén es dejar que Cristo ilumine nuestras oscuridades personales. Cada uno de nosotros sabe qué sombras habitan su vida: quizá el miedo, la falta de perdón, la tentación de la indiferencia hacia Dios y hacia el prójimo, el sinsentido de la vida, el alejamiento de la fe o la rutina que apaga el fervor de la fe. La llegada de esta Luz nos llama a revisar nuestra relación con Dios y con los hermanos, y a renovar el deseo de vivir según el Evangelio. Que esta llama, que pasa de mano en mano, sea para nosotros un recordatorio concreto de que la fe se recibe para ser compartida, de que solo quien se deja iluminar puede iluminar a otros.

Acoger la Luz de Belén nos llama a construir la paz. Nuestro mundo sigue anhelando paz. Las guerras, las tensiones sociales, el sufrimiento de quienes se ven obligados a migrar, las heridas que experimentan las familias y la polarización que divide nuestra sociedad nos interpelan profundamente. La Luz de Belén nos recuerda que la paz no llega de la noche a la mañana, sino que se construye día a día: usando palabras amables, “desarmadas y desarmantes” (León XIV), teniendo capacidad de escucha y de diálogo, perdonando y esforzándose sinceramente por buscar el bien común. Os invito a que, al recibir esta Luz, renovemos vuestro compromiso de ser artesanos de la paz en la vida cotidiana, en la familia, en la parroquia, en el trabajo y en la sociedad.

Agradezco el esfuerzo de tantos grupos -especialmente de niños, jóvenes, scouts, catequistas y voluntarios de Cáritas– que cada año se encargan de distribuir la Luz de Belén por toda la diócesis. Vosotros sois un testimonio vivo de que la esperanza se contagia mediante gestos concretos. Os animo a que esta Luz llegue a aquellos lugares donde más se necesita: a los hogares donde falta consuelo, a los hospitales donde tantas personas luchan contra la enfermedad, a las residencias de mayores donde tantos sufren soledad, a las cárceles donde hombres y mujeres buscan una oportunidad de recomenzar. Que también llegue a nuestras parroquias, a los centros educativos y a las familias, para que todos puedan sentir la cercanía de Dios que ilumina las noches de la vida.

Que la Luz de Belén nos ayude a vivir la Navidad como un encuentro real con Jesús, la Luz verdadera que “brilla en las tinieblas”.

Con mi afecto y bendición para todos,

Texto de: obsegorbecastellon.es