Martín Gelabert Ballester, OP
Resumen. En el contexto de la obediencia a Dios encuentra su sentido toda obediencia en la Iglesia y, por tanto, la obediencia en la vida religiosa. La gran pregunta que debemos hacernos es: ¿Cuál es la voluntad de Dios aquí y ahora? Dios habla por medio de mediaciones. Y, a veces, la mediación del superior no es precisamente la más clara. San Pablo, cuando recuerda a la Iglesia de Corintio «la autoridad que el Señor el dio», deja muy claro que se trata de una autoridad «para construir vuestra comunidad, no para destruirla» (2Cor 10,8).
Martín Gelabert defiende que la obediencia religiosa solo es evangélica cuando ayuda a humanizar, es creíble y se vive dentro de una relación de fraternidad donde ambas partes se escuchan. Él propone dejar atrás el poder que se impone y, en cambio, adoptar una autoridad que se base en el servicio, el amor y la escucha mutua, tomando como ejemplo a Jesús y a la Virgen María. La obediencia no debe ser una sumisión ciega, sino un proceso compartido de discernimiento para entender la voluntad de Dios, siempre respetando la libertad y el espacio íntimo de la conciencia…

